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¿Armas para civiles o armas para militares? El límite entre las vías del derecho y las de hecho

De la época de Pablo Escobar Gaviria quedó una impronta para el país que no ha podido superarse: La de la mentalidad traqueta, esa en cuya lógica no existe manera diferente de resolver problemas que a través de la utilización de las armas en función de suprimir o aniquilar al que piensa diferente o se opone a los «negocios».

En Colombia el proyecto político que mejor encarna esa suerte de mentalidad o lógica primaria es el uribismo que, curiosamente, surge en el mismo espacio geográfico del cartel de Medellín. Su máximo exponente, el ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez es tristemente recordado por el episodio donde colérico y en su condición de jefe de Estado usó la frase que simboliza mejor esta manera irracional de resolución de conflictos: «si lo veo le voy a dar en la cara marica».

Por eso quizás, alrededor del Centro Democrático se agrupan por identidad o afinidad todos quienes ven como única vía válida de relacionarse con quienes piensan diferente la violencia. En redes sociales pululan los trinos de partidarios de ese sector «político» profiriendo amenazas e incluso videos que registran a sus militantes pasando de las palabras a los hechos de agresión.

Uribe y el uribismo, esa suerte de cohesionada secta política con peligrosos tintes de fanatismo religioso, siempre que estén frente a la posibilidad de escoger entre la «fuerza de la razón» y la «razón de la fuerza bruta», optarán por la segunda opción y desecharán la primera. Por eso no es de extrañar que su ejercicio político gire en torno siempre a atizar los ánimos, los conflictos, la guerra, el uso de armas y de violencia y la justicia por propia mano.

Por ello, su reacción ilógica frente al desarme de las FARC -como uno de los mayores factores de violencia y muerte en el país- fue su oposición irracional y la natural incomodidad que los motiva a emprender todos los esfuerzos necesarios para retrotraernos a la barbarie o por llevarnos a nuevas guerras (internas o externas), porque la muerte, más allá de ser uno de sus más rentables negocios, pareciera ser lo único que los estimula y los hace sentir vivos. Necropolítica como máxima expresión de disociación psicótica y de transtorno psiquiátrico sin dudas.

En todo este torbellino de demencia no es de extrañar entonces que a los uribistas les genere fastidio la existencia de normas que prohíban la tenencia, porte y uso de armas en un país tan intolerante que, incluso, en cada celebración o festividad el saldo de las autoridades es de muchísimas personas muertas o lesionadas con armas de fuego como producto de riñas callejeras.

Respecto a las armas, causa hilaridad que poco después de que Uribe (actuando como verdadero jefe de gobierno y de Estado) anunciara en twitter un parágrafo que burla en la práctica la prohibición de esos instrumentos de muerte, el presidente formal de los colombianos anunciara la firma del Decreto 2362 de 2018 que a discrecionalidad del Ministro de Defensa puede otorgar autorizaciones especiales para el uso de armas, casi que con seguridad a «personalidades» afines al uribismo.

Con ello, aunque se hable de «monopolio de las armas» para el Estado y sus agentes, se renuncia de nuevo al mismo y se hace un reconocimiento de que el Estado y las autoridades, instituidas para salvaguardar la vida y bienes de todos los ciudadanos, son incapaces de hacerlo y que (como en el viejo oeste norteamericano) cada quien debe su propia seguridad en la lógica perversa de que sobreviva el que desenfunde primero el arma.

Vamos de retroceso en retroceso renunciando a la civilización y reencaminándonos hacia la barbarie por cuenta del uribismo. En momentos así es inevitable recordar el genio de Jaime Garzón, asesinado precisamente por los intolerantes en el poder, cuando en un mordáz juego de palabras decía de Uribe que no sabía si la «guerra era para civiles o para militares»

¿Petro, eres tú? Si los uribistas leyeran más y satanizaran menos

IMG_20180512_095657Cuando lo dice Petro o cualesquiera de quienes no comparten el dogma uribista es un crimen imperdonable. Cuando lo expresa uno de los miembros ilustres del Centro Democrático y con mayor razón su líder, venerado e inmaculado, es una brillantísima idea. Ha sucedido innumerables veces y demuestra solo una cosa: falta de coherencia.

Ocurrió con el proceso de paz con las FARC. Cuando Uribe propuso remover obstáculos e incluso una reforma constitucional y curules en el congreso para las FARC no hubo objeciones ni reparos. Bastó que Santos propusiera lo mismo para que fuera inmediatamente satanizado por una secta a la que lo único que le falta es prender hogueras para quemar herejes que, en otros momentos, han dicho exactamente lo mismo que su «mesías» y «redentor».

Las hordas fanatizadas e inoculadas de odio no se percatan, porque no tienen como uno de sus hábitos la lectura y menos el análisis, que muchas de las cosas que vehementemente critican ya las ha dicho antes su jefe. Escupen para arriba y la saliva le cae en sus propios rostros.

Qué Petro hubiese propuesto gravar tierras improductivas o comprarlas fue catalogado de «expropiación» sin serlo. Qué el exvicepresidente Francisco Santos y el exministro de agricultura Andrés Felipe Arias (condenado y prófugo de la justicia), hubiesen hablado de «tierras ociosas» y «expropiación», como lo registra la Revista SEMANA, es normal.

IMG_20180512_095608Qué Petro se haya ideado los CAMAD como una estrategia de abordaje e intento de solución al problema de salud pública que representa la extensión del consumo de drogas en el país, lo hace para los uribistas promotor de la droga y una especie de «demonio» que «persigue la perdición de la juventud».

Por el contrario, qué desde 2016 la bancada uribista (con el aval de Uribe y no a «sus espaldas») hubiese propuesto y presentado ante el congreso un proyecto de ley que copia lo de Petro y establecía «Salas de Consumo Controlado» y la despenalización del consumo mínimo y de aprovisionamiento, si es una plausible gestión parlamentaria en defensa de nuestra juventud, de la integridad de la familia y de la sociedad.

IMG_20180512_150648Hay alarmas e histeria en los medios y la sociedad si Petro plantea la posibilidad de convocar una asamblea nacional constituyente para temas específicos, pero regocijo y júbilo inmortal si tal propuesta la lanza Uribe. Ahí sí, no hay riesgos ni peligros de volvernos otra Venezuela, aunque el ex quiera concentrar en sí los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

IMG_20180512_150725Doble moral y hasta mucho de narcisismo hay en el partido de Uribe. Si algo dice cualquiera de los miembros del centro democrático se exalta sin el beneficio de la duda y se asume como verdad revelada e inmutable, hasta que alguien por fuera del uribismo lo dice y ahí sufre una transmutación pasando de ser una propuesta bendita a una maldita en un abrir y cerrar de ojos.

¡Si los uribistas leyeran tan solo un poquito! Por eso se hace tan necesaria la posibilidad de que todos puedan acceder al estudio y a la universidad para acabar con los fanatismos.

Aunque sinceramente me queda a veces la duda de que el estudio pueda por si solo hacer, frente a quienes se cierran a toda argumentación, superar el estado de disociación psicótica del que me hablaba un amigo psiquiatra, o, en términos de otro amigo cristiano, esa suerte de «velo espiritual» que les impide ver y que solo puede rasgar el Señor.