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¿Sanclemente fue en puertos y aeropuertos el nuevo “muchacho bendito”?

Para el capo máximo del Cartel de Medellín, en ese entonces, las licencias de operación de aeropuertos y aeronaves fueron significativas y un punto de lanzamiento al éxito de su negocio de exportación de cocaína. Por eso quizás, eufórico y entre wiskys, ponderaba la labor y se refería al nuevo director de Aerocivil de la época (que había sustituido al por ellos asesinado) como el «muchacho bendito». Seguir leyendo ¿Sanclemente fue en puertos y aeropuertos el nuevo “muchacho bendito”?

Se les cayó la P a los «probos» politicos amigos del «Ñeñe»

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Gustavo Petro polariza, dicen sus contradictores, pero no cuentan el resto, antes lo callan convenientemente: Petro se ganó la fama de polarizador porque no tiene precio, no se vende y es intransigente e intolerante con la corrupción. En ello obra bien: La política en Colombia mediada por el eje de lo corrupto, se mueve entre el ser o el no ser y no da para términos medios como ha quedado suficientemente demostrado con el escándalo que involucra al presidente y a su mentor con un narcotraficante costeño que se disfrazaba de «ganadero».

Al bautizar en algún momento a su movimiento como Decentes y representar una opción política anticorrupción, Petro hizo que la indecencia en la política se alinderara. Los Gaviria, los Pastrana y todos los que sentían amenazados sus intereses y privilegios y hasta comprometida su impunidad (inmunidad) se nuclearon en torno al sector que mejor representa a lo que Álvaro Gómez Hurtado denominaba el régimen.

El partido político de los honorables sin honorabilidad, del eterno «yo no fui», del «todo se vale», de «el fin justifica los medios», de la propagación del odio y la venganza, de defensa de la guerra y de la muerte e incurso en toda suerte de escándalos de corrupción, entendió el peligro que para la continuidad de su pillaje y de su lógica mafiosa significaba Petro y se valió de lo que mejor saben hacer para derrotarlo: recurrir a lo más nauseabundo del lodazal fétido de recursos a su disposición para imponerse.

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Hicieron de nuevo uso del miedo, soportado en el engaño; acudieron a la trampa en el amañado conteo de los votos desde una registraduría perfectamente coptada desde su software; apelaron a traiciones y robos como los que orquestaron contra otro de los alfiles del establecimiento y, como si todo lo anterior no fuera poco, también echaron mano de la ayuda, para la compra de votos de la que hablara Ayda Merlano y que hoy involucra, adicionalmente, a sombríos personajes vinculados al narcotráfico y a temibles estructuras criminales de la Costa Atlántica como el ‘Ñeñe’ Hernández, socio de alias Marquitos.

En tal propósito se valieron, además, de efectivos aliados en quienes entienden la política como el arte de ponerle una vela a Dios y otra al diablo y de tratar de congraciarse con todos sin tomar partido. Estos últimos son también, sin eufemismos, cómplices de la nueva cloaca que Gonzalo Guillén y Daniel Mendoza Leal, dando cátedra de periodismo y de valor civil, ayudaron a destapar. Ellos, los que optaron por mirar para otro lado frente al peligro del regreso del uribismo, ayudaron a posicionar en la opinión pública una matriz mediática falsa: Que Petro y Uribe representaban lo mismo y que solo ellos (el centro) eran los únicos «salvadores». Dividieron y el uribismo volvió a reinar con todas las implicaciones que para la ya maltrecha ética ello tiene.

En su afán de ganar a como diera lugar, quienes impulsaron a Duque, muy seguramente inspirados en la frase de un tristemente abogado que representa y defiende sus ideales e intereses, hicieron una escisión definitiva, esta vez no entre derecho y ética, sino entre esta última y política, confiados en que el país nacional se ha insensibilizado y vuelto indiferente o inmune frente al establecimiento y la forma putrefacta de actuar del viejo y/o detusto país político.

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Y mientras los audios incriminadores continúan apareciendo, los hipócritas fariseos modernos persisten en su shows mediáticos de rasgarse las vestiduras y negar sus vínculos con la mafia que logró materializar el sueño de Escobar Gaviria y lo corrompió todo. El padre del cinismo y heredero de la mentalidad traqueta del capo, declara que no compra votos, confiado en que el país haya olvidado como obtuvo el voto favorable de los congresistas que decidían si podía aspirar o no a un segundo periodo.

El otro (que no merece ni siquiera mencionarse ni respeto por su indignidad) señala que siempre ha combatido al narcotráfico, cuando ni siquiera ha decidido pronunciarse sobre su narco embajador. Ambos son iguales, se cubren con la sábana de la impunidad reinante, de la indecencia y de la ausencia de vergüenza y dignidad para admitir sus culpas. Se les cayó la P no son políticos probos sino políticos robos. Esa misma P en Colombia reemplazó a la M en inmunidad.

 

 

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En las fotos el narco «Ñeñe» Hernández con dos de los garantes de los perdidos recursos y votos de Germán Vargas Lleras en Barranquilla y en la costa: Alejandro Chat Chaljub y Elsa Noguera

Cuatro videos de alias Popeye sobre Uribe Vélez

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Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias «Popeye» respeta, o más bien teme, a Álvaro Uribe Vélez tanto o más de lo que en su momento respetaba y temía al que para la década de los 80 era su patrón, el «patrón del mal» en Colombia.

Popeye debería tener hoy razones diferentes para temer a las que tenía en mayo de 2018 cuando fue recapturado por extorsión y concierto para delinquir cuando era presidente Juan Manuel Santos. Para entonces sus miedos giraban en torno a una extradición a Estados Unidos, poco posible hoy, pues al poder para nada le conviene que cuente en tribunales gringos secretos que comprometen a personajes poderosos en Colombia.

En épocas como las actuales de Colombia para Popeye existen dos posibilidades: Que sea liberado por tecnicismos como lo acaba de ser el investigado por narcotráfico y paramilitarismo Santiago Gallón Henao o que dado lo incómodo que resulte para muchos poderosos, por lo que sabe, termine suicidado con cianuro u otro veneno letal en la cárcel donde está recluido.

Tras purgar una pena de 23 años por la muerte de Luis Carlos Galán Sarmiento, Popeye fue liberado en 2004 y un tanto imprudente reveló en entrevistas detalles sobre la pista de la Hacienda Nápoles, desde donde se exportaba cocaína, que debió callar.

Advertido, o amenazado quizás, por hablar más de la cuenta, Popeye dio un viraje en sus actuaciones y declaraciones y terminó asumiendo una suerte de vocería pública ad hoc del Centro Democrático al punto que incluso apareció en fotos acompañando en marchas y/o manifestaciones a Mario Uribe, el primo del expresidente Uribe Vélez, condenado por la Corte Suprema de Justicia de Colombia por parapolítica.

Sin embargo Velásquez Vásquez, como habíamos dicho, ya había hablado veládamente de un personaje que sin identificar señaló como «un expresidente colombiano» al que calificó como «el hombre más poderoso de Colombia, más poderoso que cualquier mafioso… dueño de la República de Colombia…»

La incógnita sobre a quien se refería, quedaría develada en otra entrevista donde hablando ya concretamente de Álvaro Uribe Vélez señala sus temores por estar viviendo en Medellín, urbe de la que dice que «Álvaro Uribe Vélez es el dueño», señalando seguidamente, sobre los secretos del ex Jefe de Estado, que ya «llegará el tiempo en que haya que contarlo».

Algunos de los aspectos ocultos, secretos o desconocidos de Uribe el propio Popeye los revela en dos entrevistas en las que cuenta la historia de la pista aérea de la Hacienda Nápoles desde donde se exportaban grandes cantidades de cocaína hacia Estados Unidos

Popeye, sin dudarlo, señala que Uribe Vélez, como director de la Aerocivil en la época, autorizo la pista aérea a sabiendas de que dicha autorización favorecía a Pablo Emilio Escobar Gaviria quien para la época ya era un reconocido y poderoso narcotraficante