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Infiltrar, desprestigiar y deslegitimar para justificar agresión brutal: La agenda del gobierno frente a la protesta social

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La guardia indígena capturó y entregó a la Defensoría del Pueblo a 3 integrantes de la fuerza pública infiltrados en su protesta quienes portaban una granada de fragmentación. No obstante, ningún medio de comunicación lo reseñó. Prefieren en sus titulares mostrar a los indígenas como victimarios antes que como víctimas de un despojo y de una agresión que comenzó hace siglos y que no para por parte de quienes sustituyeron a los españoles en el ejercicio del poder.

Desde la lógica del gobierno, vale muchísimo menos una bala que implementar reformas y financiar el bienestar social de los ciudadanos. Pero como echar bala y atemorizar a la población para que no exija sus derechos y guarde silencio no resulta tan sencillo como lo era hace varias décadas, les toca hacer un trabajo previo que los justifique ante el mundo.

La protesta social en Colombia por órdenes de presidentes, ministros y altos mandos policiales y militares se infiltra para generar desmanes que son convenientemente transmitidos por los medios afines al poder con propósito de desprestigio y de la necesaria deslegitimación que justifique la represión, es decir, el empleo de los gases, de las balas (de goma y de plomo) y de explosivos contra los más pobres y vulnerables.

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Cuando ello no ofrece resultados se implementa la también despreciable práctica de asesinatos sistemáticos de líderes sociales por parte de una bien estructurada organización con presencia en todo el territorio nacional, cuyos miembros y mandos, convenientemente, nunca son identificados, judicializados y mucho menos combatidos por los organismos de seguridad del estado, que ni siquiera se experimentan vergüenza frente al genocidio e impunidad.

De esa lógica perversa es hoy víctima la minga indígena, pero también lo han sido las protestas de los campesinos, de las comunidades afrodescendientes, los estudiantes, los trabajadores y todo aquel que no haga parte del círculo exclusivo de las élites que nos gobiernan.

Hay videos del ejército disparando en la zona, pero se culpa a los indígenas de ser los autores de la lamentable muerte del agente de policía Boris Alexánder Benítez Leclerc, por presunto disparo de proyectil de arma de fuego (18 de marzo). Como si hubiesen estado a la espera de la tragedia, inmediatamente sobrevienen las declaraciones del Ministro de Guerra Guillermo Botero (19 de marzo) hablando de infiltración, igual a como ya lo había en el Congreso de Confecamaras en Cartagena en septiembre 13 de 2018.

El mismo 19 de marzo el propio presidente, sin la rigurosidad de una investigación sería que lo corrobore, sale a reafirmar la tesis de los infiltrados.

Un día después (20 de marzo), curiosamente en concordancia, el cuestionado «periodista» Herbin Hoyos Medina publica una foto falsa de una mujer de facciones indígenas con fusil y camuflado y horas después el expresidente Uribe a través de un trino y un vídeo criminaliza la protesta social

Solo 24 horas más tarde (21 de marzo) una explosión en Dagua mató a ocho guardas indígenas luego de que al parecer alguien lanzara un artefacto explosivo que podría asemejarse al que le encontró la guardia indígena a los 3 militares infiltrados.

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JEP: El mayordomo solo hizo lo que le mandó a hacer el dueño de la finca

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Hebert Castro, el humorista uruguayo que vivió e hizo radio en Colombia hace varias décadas (desde Cali) hizo célebre a un personaje al que llamó el «pobre Peraloca», figura al que siempre le ocurrían enormes desgracias por no escuchar y atender recomendaciones y advertencias fundamentadas de otras personas y antes «pasárselas por la faja».

Muy similar a lo que ocurrió en múltiples capítulos a «Peraloca», a muchos colombianos «¡Se les dijo! ¡Se les recomendó!y ¡Se les advirtió! que si querían que el país no ardiera y no siguieran muriendo jóvenes humildes e inocentes, no podían ni debían volver a otorgar poder al «señor de Las sombras» o al que quisiera o dijera el «señor de las sombras».

La advertencia iba mucho más allá. Tampoco podían creer que daba lo mismo elegir al antagonista del ya reconocido y nefasto «señor de las sombras» que a quién se prestara para que este último gobernara en cuerpo ajeno. Además, que era imperdonable dedicarse a contemplar mamíferos exóticos, como si nada diferente pudiera hacerse para intentar cambiar una tragedia anunciada.

No obstante, en su necedad, muchos desatendieron las advertencias y las indeseadas consecuencias no se han hecho esperar. El mandadero del «todopoderoso» o, lo que es lo.mismo, el mayordomo de la finca está siguiendo al pie de la letra lo que todos sabían que le pondría a hacer el dueño de la finca.

Los esfuerzos que deberían hacerse para consolidar y avanzar hacia una paz verdadera y duradera se dilapidan y, antes, se conspira incansablemente por ausencia absoluta de grandeza, y por sobrados egoísmos y mezquindades en contra de la posibilidad de reconciliación entre los colombianos. Se hace todo por retrotraernos a la guerra y se sabía que ello iba a ocurrir. El «Señor de las sombras» gobierna tras bambalinas, por interpuesta persona y de l que ocurra medio país será responsable.

Cómo muy seguramente sobrevendrán las críticas frente a nu dra crudeza que dirán que se está irrespetando la figura presidencial, hay que decir, que es el presidente y nadie más que él, el primer llamado a respetar la dignidad de su investidura y a entender que no gobierna para la mitad de los electores o para un sector político o un jefe político, sino para todo un país que espera que se antepongan los altos intereses de la nación sobre intereses o convicciones partidistas.

Algunas lecciones de historia para Iván Duque

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Hace 200 años (1819) el apoyo de los «padres fundadores de los Estados Unidos a nuestra independencia» no «fue crucial» como en un imperdonable error lo afirmó Iván Duque con el ánimo obsecuente de congraciarse con los norteamericanos.

Sin desconocer, que la Independencia de Estados Unidos (1776), fue al igual que la Revolución Francesa (1789) un factor motivador que animó a los países latinoamericanos a buscar su independencia del reino español, ello no necesariamente puede equipararse a un apoyo y mucho menos crucial de parte de Estados Unidos.

Los norteamericanos no apoyaron a las naciones latinoamericanas contra España (y es hasta comprensible está situación) pues España si apoyó a Estados Unidos en su proceso de Independencia contra Inglaterra al punto que ello ocasionó la guerra anglo española solo unos años después de la independencia de las 13 colonias en 1776.

Si nos remitimos a qué hace alusión la expresión «padres fundadores de los Estados Unidos», encontramos que hace referencia a personajes como George Washington;
John Adams; Thomas Jefferson; James Madison;
Benjamín Franklin; Alexander Hamilton y John Jay (los cuatro iniciales primeros presidentes en su orden).

Más allá de lo inspirativo,
para 1819 Washington tenía casi 20 años de fallecido (14 diciembre 1799), Adams era un octogenario (84 años en 1819), Jefferson con 76 años había dejado de ser presidente desde 1809 y Madison, a sus 68 años, había dejado de ser presidente dos años antes
(1817) para ser sucedido
por James Monroe que gobernaría entre 1817 y 1825. Franklin y Hamilton para 1819 habían fallecido 29 y 15 años antes (1790 y 1804)

Para corroborar o desvirtuar las afirmaciones de Duque tocaría remitirse entonces a Madison y Monroe y concretamente al año 1817 (pues en marzo de ese año el segundo reemplazó al primero) y a las relaciones entre los mismos y Simón Bolívar.

La historia entonces nos enseña, que estamos justo a 3 días (6 de enero de 1817) de conmemorar 202 años del Decreto de bloqueo expedido en el que en pleno proceso de independencia se sitiaba a Guayana y Angostura bajo control español. Allí emerge un episodio ilustrativo en las relaciones entre el gobierno de Estados Unidos y los rebeldes comandados por Bolívar, en razón de la ayuda que, por omisión, el vecino gobierno prestaba a España.

La correspondencia de la época da cuenta de las diferencias entre el Genio de América y John Baptist Irvine en su condición de Agente (una especie de embajador de la época) de los Estados Unidos de la América del Norte, cerca de Venezuela a raíz de la retención y decomiso de las goletas (barcos) norteamericanos Tigre y Libertad capturadas transportándoles armas y pertrechos a los españoles.

La molestia de Bolívar es notoria en varios apartes del cruce epistolar. En uno de esos documentos dice:

«… De los hechos expuestos nacen dos argumentos contra la Tigre. El uno es haber violado el bloqueo y sitio de Guayana… el otro haber violado la neutralidad introduciendo armas y municiones a nuestros enemigos… Desde el momento en que este buque introdujo elementos militares a nuestros enemigos para hacernos la guerra, violó la neutralidad, y pasó de este estado al beligerante… la prestación de auxilios militares a una potencia beligerante es una declaratoria implícita contra su enemiga, es un principio incontrovertible y que está confirmado por la conducta de los mismos Estados Unidos, donde no se permite que se hagan armamentos de ninguna especie por los independendientes contra los países españoles, donde han sido detenidos y aprisionados algunos oficiales ingleses que venían para Venezuela, y donde se ha impedido la extracción de las armas y municiones que podrían venir para el Gobierno de Venezuela…» (Carta del 6 de Agosto de 1818, es decir, a 1 año y 1 día antes de nuestra independencia)

Posteriormente, en octubre 7 de 1818 Bolívar molesto expresa:

«… Parece que el intento… es forzarme a que reciproque los insultos: no lo haré; pero sí protesto a V.S. (Vuestra Señoría) que no permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra populación y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende…»

De todo lo anterior se colige, que es un imperdonable error histórico y un acto de indignidad y traición a la memoria de Bolívar hablar que el apoyo de los «padres fundadores de los Estados Unidos fue crucial para nuestra independencia».

Tomado del twitter de Alberto Ortiz (@barranquilla67)

Duque: 3 tuits del pasado que dejan mal parada la constitucionalidad de su actual ley de financiamiento

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Varios de los críticos del actual gobierno han expresado que la ley de financiamiento es una manera eufemística de disfrazar una reforma tributaria lesiva y regresiva.

Lo curioso del asunto es que en noviembre 6 de 2014 el entonces senador Iván Duque había llamado deforma a la reforma tributaria del gobierno Santos señalando en un trino que «Minhacienda quiere desconocer que están disfrazando una reforma tributaria en una Ley de financiamiento».

Al tuit que fue difundido masivamente en redes sociales hace poco, se suman ahora dos trinos más del hoy presidente cuando oficiaba como senador opositor en 2014. En el primero Duque expresa que «La ley de financiamiento debe ser por 1 año para financiar una vigencia y aplicando un recorte = a menor carga tributaria»

Más allá de lo anterior, el hoy presidente, como senador del Centro Democrático, expresó que «es inconstitucional que un gobierno transforme una ley de financiamiento para una vigencia en una reforma tributaria». En otras palabras, Duque ve como inexequible transformar una ley temporal o transitoria en una permanente

Curiosamente la Corte Constitucional durante el primer gobierno de Álvaro Uribe y cuando ya Alberto Carrasquilla había pasado de ser viceministro de Hacienda de Roberto Junguito a titular de ese despacho profirió, siendo Magistrado Ponente Manuel José Cepeda Espinosa, la Sentencia C-776 de septiembre 9 de 2003 que declaró inexequible el Articulo 116 de la ley 788 de diciembre 27 de 2002.

Dicha ley, cómo se recordará, modificaba el artículo 470 del Estatuto Tributario gravando varios productos de la canasta familiar con un 2% de manera prospectiva, esto es, desde el 1 de enero de 2005, lo que configuraría de acuerdo con la razón de la decisión (ratio decidendi) un precedente inmodificable bajo la primacía de la Constitución actual.

En este sentido, una autoridad en la materia, el ex magistrado de la Corte Constitucional, José Gregorio Hernández Galindo, había dicho a través de un trino del 5 de noviembre de 2018 lo siguiente: «Habrá que repetirlo: un impuesto inequitativo e injusto es inconstitucional. Ya lo dijo la Corte en 2003, sobre un IVA del 2% a productos de la canasta familiar. Gobierno actual quiere imponer 18%»

Doce días después (noviembre 17) el mismo jurista y connotado docente universitario fue más allá al expresar: «El IVA de 18% para productos de la canasta familiar: un impuesto que rompe la equidad y la justicia, y por tanto viola el artículo 363 y varios más de la Constitución»

Tocará a la luz de todo lo anterior esperar para ver si sigue teniendo validez y vigencia la frase del también ex magistrado Jorge Arango Mejía pronunciada en la Sentencia C-113/93 cuando dejó claro que: «… entre la Constitución y la Corte Constitucional, cuando ésta interpreta aquélla, no puede interponerse ni una hoja de papel.» (así dicha hoja la coloquen Uribe, Duque o Macías)

Álvaro Uribe Vélez: ¿Parapresidente de Colombia?

La «equivocación» de la vicepresidente Martha Lucía Ramírez al llamar a Uribe presidente, no es simplemente otro lapsus más de los que ha se han vuelto frecuentes entre quienes deben obediencia y respeto al presidente Iván Duque. Ello solo refleja un problema de realidad política mal manejada.

No nos llamemos a equívocos. Llamemos a las cosas por su nombre y sin eufemismos. Colombia es quizás el único régimen «democrático» del mundo donde hoy hay o coexisten un presidente y un parapresidente o suprapresidente, este último, con mayor poder incluso que el elegido por 10 millones de ciudadanos.

Poco antes de posesionarse Iván Duque, ya Alicia Arango, ex secretaria privada en la casa de Nariño en el gobierno Uribe y designada Ministra de Trabajo por el actual gobierno, lo había declarado a W Radio Colombia: «Gobernará Iván Duque, pero no hay que olvidar que Uribe es nuestro jefe».

IMG_20181120_060837Ello significa, ni más ni menos, un radical cambio que debería ser objeto de análisis por la ciencia política y por los constitucionalistas. La transferencia de la soberanía del rey al pueblo que se instauró con la revolución francesa de finales del siglo XVIII perdió vigencia o ha sido «superada» o rebasada.

Ahora en Colombia, la soberanía ya no reside en el el pueblo y ni siquiera en la persona en quien el constituyente delegó su poder, sino en un supra poder que se alza por encima del ejecutivo mismo y a quienes importantes miembros del gobierno reconocen en público como jefe incluso por encima de la figura del propio presidente.

En esa dinámica no resulta extraño entender el calificativo de «presidente eterno» que el uribismo en una especie de culto exacerbado a la personalidad, incluso con matices y/o ribetes religiosos, le otorga a Álvaro Uribe Velez.

Uribe como líder y jefe indiscutido de su partido controla a quien representa al ejecutivo, un hasta hace poco ilustre desconocido para la mayoría de los colombianos que debe su elección a la popularidad del caudillo que fue quien lo ungió ante sus seguidores, respaldo sin el cual difícilmente habría alcanzado la primera magistratura.

Controla igualmente los hilos en el poder legislativo y para nadie son ya un secreto sus intenciones de reformar y adecuar el poder judicial a la medida de sus intereses. Ello para no mencionar el enorme poder económico y mediático que también concentra y ostenta al punto de haberse erigido en una especie de intocable pese a todas las investigaciones y sindicaciones que existen en su contra.

Desde esa lógica no es extraño que siguiendo la misma línea de la ministra Alicia Arango, prestantes miembros del actual gobierno como la ministra de Justicia, Gloria María Borrero; el Alto Consejero, Emilio Archila; el Canciller, Carlos Holmes Trujillo, y hasta la propia vicepresidente, Martha Lucía Ramírez, con muy poco pudor llamen en público a Uribe presidente en lugar de decirle parapresidente o supra presidente que sería lo más adecuado, incluso para preservar ante la comunidad internacional la ya maltrecha dignidad de la figura presidencial que ya es objeto de sorna.

Dimos el salto o pasamos de ser, sin que muchos aún se percaten de ello, un régimen presidencialista a una rara figura o forma política. Hemos instaurado por primera vez en la historia, y para nuestra vergüenza, el parapresidencialismo.