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Sigámonos y Síganme los buenos: auténtico empoderamiento ciudadano

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A Urías Velásquez puede definírsele como un auténtico comunicador que desde su cuenta de Twitter ha decidido a partir de una idea simple, pero no por ello no genial, visibilizar a aquelllos colombianos a los que los medios y los políticos han eterna y deliberadamente invisibilizado.

Desde su cuenta de Twitter (@UriasV) este joven periodista ha logrado imponer una tendencia (ser trending topic) y, lo más importante, a través de los hastag #sigamonoslosbuenos #sigamonoslosbuenos2020 y
#siganmelosbuenos2020 está logrando la construcción de modernas redes ciudadanas para la comunicación con propósitos múltiples, entre los que, a nuestro juicio, los más importantes (más no los únicos) podrían llegar a ser romper cercos mediáticos y destruir matrices de opinión construidas desde los grandes medios hegemónicos para la desinformación y deformación de la ciudadanía.

Este tipo de iniciativas, aún cuando muchos no lo dimensionen, vuelven realidad el precepto constitucional que otorga a los ciudadanos el derecho fundamental a informar y estar informados, al tiempo que vuelve más horizontales las relaciones de tipo comunicativo y, por tanto, constituye un factor de democratización de la sociedad y de deconstrucción y construcción de un nuevo tipo de ciudadanía critica, activa y determinante para la participación en las decisiones que los afectan.

Sin duda, estamos siendo testigos de excepción de un fenómeno de empoderamiento ciudadano y de construcción de una sociedad de la información, y por ende de ciudadanías libres, en la que la mezquindad y la individualidad no tienen cabida y deberán ceder paso a la solidaridad y a la colectividad en el entendimiento de que muchas voces sincronizadas en un proceso comunicativo tienen efectos multiplicativos y son un poderoso factor de transformación de la sociedad.

Ahora toca crecer. Sin creerse más que el otro. Sin ínfulas. Sin perder la perspectiva y el horizonte y dejarse obnubilar creyéndose vedette. No hay espacio para la banalidad y la fatuidad. Toca llevar el ejercicio a otros espacios y seguir construyendo comunicación alternativa. Posibilitar que se abran múltiples medios de todo tipo (virtual, radial, televisivo) y entre estos también redes. Hay que, además, dejar de seguir, leer, compartir y mencionar a los medios hegemónicos y a sus «líderes de opinión» y darnos y darle la oportunidad a los alternativos. Como señala Urías en su perfil: «La verdad puede resultar dolorosa pero es el único remedio» y para acceder a ella el ciudadano tiene que leer «para que no lo engañen».

Desde luego que surgirán detractores de la iniciativa. Sobre todo entre los «nobles» y «notables». Hay, incluyendo tuiteros, artistas (con infulas de influencers) y políticos «de avanzada» a quienes solo les resultamos importantes para promoverlos (retuitearlos o mencionarlos) y votar por ellos. Desde su «Olimpo», a donde los hemos encumbrado no miran a nada ni a nadie. Envanecidos se encierran en sus propias burbujas narcisistas de auto culto de la personalidad olvidándose que son un transitorio poder constituido y creyéndose más importantes que el verdadero poder: el constituyente y soberano.

Para la muestra un botón. Salvo Gustavo Bolívar, ninguna otro personaje de la vida pública (incluidos artistas y políticos) ha dado su espaldarazo a esta poderosa iniciativa cuyo propósito es pasar del discurso a la práctica en la construcción de ciudadanías libres, entendidas estás cómo punto de llegada y no de partida. Gracias infinitas Urías Velásquez!

Reflexiones de Gustavo Petro sobre la movilización ciudadana

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En un hilo de twitter, el senador Gustavo Petro hizo una serie de reflexiones sobre la movilización ciudadana que bien merecen por lo pertinentes ser recogidas, analizadas y discutidas de manera pública por las ciudadanías. Estas son sus reflexiones:

«El comité del paro siguiendo la costumbre sindical creyó que se trataba de rechazar unas políticas anunciadas por gremios o por funcionarios públicos.

La gente en la calle lo está por realidades que ya vive. La gente está en la calle porque ya descubrió que sus ahorros en fondos privados no le darán pensión, que los servicios de salud no mejorarán, los jóvenes en la calle saben que no hay universidad pública para ellos.

La clase media sabe ya que no tendrá estabilidad laboral. A la gente ya le quitaron la opción de la Paz que llenaba de esperanza. No son amenazas futuras, son realidades actuales y vividas que la gente rechaza y la lleva a la movilización.

Por eso la agenda de peticiones cambia sustancialmente. No es el rechazo a un holding futuro. Es la petición de cambios de leyes existentes desde hace décadas que vulneran derechos fundamentales.

Cuando la gente quiere pensión hablamos de una reforma a la ley 100. Cuando la gente quiere estabilidad laboral hablamos de una reforma a la ley 50 y el fin del contrato civil y de corto plazo que reemplaza el contrato laboral.

Cuando hablamos de educación superior pública y gratuita para todos, hablamos de la reforma a la ley 30.
Cuando hablamos de la Paz, hablamos del respeto a los acuerdos ya firmados y de la continuación de la negociación con el ELN.

La agenda que la gente pide en las calles es una superación de las leyes neoliberales que conculcaron los derechos de la gente desde finales del siglo XX, que contrarreformaron la Constitucion del 91. Es volver al espíritu democrático y progresista del constituyente del 91.

Esto es mucho más ambicioso políticamente que el pliego sindical. Por eso hay que evitar un fracaso. Si la gente se desilusiona por una conducción del movimiento llevada a formulas sindicales tradicionales y fragmentadas, lo que vendrá es apatía y la ofensiva de extrema derecha

El movimiento debe escalar el año entrante en todas las áreas urbanas sumadas a la nueva agenda agraria de protección al campesinado y el paro agrario. Los comités de paro deben conformarse con delegaciones elegidas por asambleas territorio por territorio.

O Duque negocia la superación del neoliberalismo en Colombia y restablece la garantía de derechos que ordenó la Constitución del 91, o la ciudadanía la impondrá, como en Bolivia, en las urnas electorales que definirán el poder en Colombia»

Aquí el trino