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Vuelve y juega: Uribe expresa odio contra maestros e insinúa que son extremistas

IMG_20200106_165214En tono de regaño y hablando con la misma soberbia, altivez y/o ínfulas de superioridad como un capataz o el dueño de una finca se dirigiría a sus trabajadores, Álvaro Uribe Vélez respondió a un joven que en desarrollo a los derechos fundamentales a la opinión y la expresión lo increpó y calificó como «mal presidente» en una playa aparentemente de la región Caribe colombiana.

Generalizando en su respuesta, Uribe volvió a arremeter contra los profesores, acusándolos de informar y formar mal a los jóvenes y, como puede inferirse de su afirmación de que no «entregaría el país a la extrema izquierda», dejando entrever irresponsable y temerariamente que entre docencia y la izquierda extrema existe relación.

En el pasado reciente ya Uribe había tildado de «adoctrinadores» a los maestros, señalando que contra los mismos «deberían buscarse soluciones que no sean sanciones legales» tras lo cual se incrementó sensiblemente el número de amenazas de muerte contra el Comité Ejecutivo de FECODE y contra directivos y docentes de las diferentes filiales de la Federación de Trabajadores de la Educación por parte de grupos paramilitares.

Desde su odio y su transtorno psicótico Uribe ve enemigos en casi todas partes e irresponsablemente insiste en culpar a los maestros de que Colombia aún no sea su soñado modelo de «Estado Libre» de opiniones contrarias a la suya, donde se rinda culto a su personalidad y dónde se prohíba y persiga que su palabra y explicaciones no sean asumidas como única e incontrovertible verdad.

«Uribe y los uribistas dicen tajantemente que no están dispuestos a entregarle el país a la extrema izquierda, pero guardan un sepulcral y cómplice silencio frente al avance de la extrema derecha en armas (paramilitar) con la que se identifican y cuyas acciones y aberrantes crímenes jamás han condenado y antes idealizan como esa especie de Tribunal de la Inquisición encargado de castigar con suplicio y muerte a quienes osen renegar de su modelo de país medieval y lo controviertan» señaló un profesor que pidió por razones de seguridad reserva de su identidad.

El mismo educador también señaló: «Desde luego Uribe tampoco menciona para nada, no estar dispuesto a entregarle gran parte del territorio patrio a los temibles carteles mexicanos de la droga y entre estos al de Sinaloa, como tampoco le genera ningún tipo de resquemor entregarle el país a los multimillonarios banqueros, industriales, comerciantes y mega terratenientes a los que exonera del pago de impuestos que luego coloca sobre la clase media y la población más pobre y vulnerable del país’.

Un psiquiatra clínico y docente universitario a quien también consultamos sobre las conductas del expresidente dijo:

«Uribe padece desde hace rato una peligrosa disociación psicótica, no tratada, cuyos principales síntomas son el odio y los deseos incontrolables de destrucción de todo lo que no le parezca afín a su pensamiento. Goza morbosamente con la muerte y en su vorágine de locura ha enfermado a los fanáticos de su secta, quién al igual que su «mesias» y «salvador» solo conciben como fórmulas milagrosas para todos los males del país, el odio, la violencia y la eliminación de cualquier vestigio de razón y de humanidad, como si teleologicamente su único propósito fuera conducirnos al pasado y a la barbarie».

Álvaro Uribe Vélez coloca lápida sobre los maestros y los convierte en objetivo militar y político

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Cómo si sus acciones de gobierno durante 8 años no hubiesen resultado suficientes para hacer evidente su animadversión hacia el Magisterio, el expresidente Álvaro Uribe Vélez ha vuelto a hacer notorio su ya conocido odio hacia los maestros y maestras del pais.

A raíz de la difusión pública de imágenes en la que un docente y un grupo de estudiantes del sur de Bolívar expresan su respaldo a la Justicia Especial Para la Paz (JEP), Uribe Vélez, en dos trinos y un vídeo dados a conocer a través de su cuenta de Twitter, volvió a arremeter contra los docentes del sector público acusándolos de «adoctrinar» y «abusar» de los niños.

Inicialmente el líder del Centro Democrático habló de «soluciones que no sean sanciones legales» para los maestros, lo que sembró múltiples dudas en torno a qué específicamente quiso decir. Luego y para salir al paso frente a los legítimos temores que dejó su pronunciamiento ambiguo, explicitó que para evitar lo que el denominó «adoctrinamiento» debería pensarse en que a futuro los niños y niñas reciban educación por parte de prestadores privados del servicio financiados con recursos públicos.

Palabras más, palabras menos, lo que el expresidente plantea, es un redireccionamiento de los recursos que hoy se destinan a la educación pública hacia el fortalecimiento de la educación privada en el país (privatización) lo que se materializaría (como ya se hizo con la salud) pasando de un esquema de financiación de subsidio a la oferta a uno de subsidio a la demanda.

Pero más allá de los planes de debilitamiento de la educación pública con propósitos de privatización, lo que más preocupa a los educadores, son las sindicaciónes que hace el hoy senador, pues dado el fanatismo de muchos de los seguidores de Uribe, se corre el riesgo de que los docentes terminen colocados en la mira y/o como objetivos militares de grupos armados de extrema derecha que ya han cobrado la vida de cientos de líderes sociales en el país.

Ojalá la lápida que coloca el dirigente político sobre los educadores, insinuando nexos entre estos y grupos guerrilleros no lleve a qué sus seguidores entiendan desde su extremismo que los docentes pueden entrar a ser lo que el exmandatario califica como «muertos buenos» o parte del aplazamiento del asesinato que endilgó a Juan Manuel Santos