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Los asesinos de Petro: Los homicidas de siempre

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Al «Régimen», como lo llamara Álvaro Gómez Hurtado, no le genera temor ni asco dar la orden para que alguien apriete un gatillo y les «quite un problema de encima». Ya lo hicieron en el pasado lejano y cercano con hombres como Sucre, Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Pizarro, Jaramillo Ossa, Pardo Leal y hasta con el propio hijo de Laureano Gómez.

No obstante, recuerdan el 9 de abril de 1948, sienten miedo de las consecuencias de la opción del magnicidio y optan, esta vez (en la era de los medios digitales y de la inmediatez de la información) por métodos más quirúrgicos y sutiles de «eliminación del contrario» que permitan invisibilizar ante el mundo su «talante* criminal y su histórica ausencia de principios y de ética en el manejo de lo público.

Por ello, el régimen visible, el político, con los recursos y el enorme poder económico y mediático del régimen invisible, el de los dueños del país, esos que manejan con fajos de billetes y tras bambalinas los hilos del verdadero poder, alinean a sus sicarios morales para disparar difamación y calumnia desde los medios y crear una enorme cortina mediática que distraiga al país nacional (como lo llamaba Gaitán) y esconda y minimice al máximo su podredumbre, corrupción y decadencia moral.

En ese contexto los Nassar, Morales, Arizmendi y las Quinn, Gurisatti, Dávila y Hernández, reforzados por los Fajardo y las López que les hacen eco, al lado de tinterillos que alcanzaron su momento de celebridad defendiendo narcotraficantes y paramilitares, salen al unísono a diseminar veneno, odio y dudas sobre quién siempre ha combatido la corrupción con hechos y no con palabras, tratando (a falta de argumentos) de llevar al contradictor limpio a su terreno, es decir, al fango y al lodazal donde saben que nadie los puede superar.

El «escándalo» de Petro es quizás el más perfecto y elaborado plan donde se hace uso no de uno sino de por lo menos nueve principios del manual de propaganda nazi. Aquí aplica  la famosa frase de: «calumnia, que de la calumnia algo queda». Saben  que una mentira repetida muchas veces puede terminar adquiriendo una fuerza de «verdad» sin que necesariamente deje de ser solo una mentira.

Como nunca antes, se han combinado de manera tan perfecta y en su orden los principios segundo, primero, tercero, cuarto, sexto, octavo, séptimo, noveno y undécimo de la propaganda de la Alemania de Hitler, diseñados por Joseph Goebbels para engañar y manipular multitudes.

Han centrado su accionar en un único individuo por atacar (principios de simplificación y del método de contagio); han respondido al ataque con ataque y proyectando sobre el adversario sus propios defectos para distraer (principio de transposición); han magnificado y satanizado un hecho simple y hasta cotidiano como el de recibir y contar dinero en algo «tenebroso» e inadmisible, sin que como lo ha dicho el ex magistrado de la Corte Constitucional, José Gregorio Hernández Galindo, haya delito que perseguir más si destrucción de la presunción constitucional de inocencia (principio de exageración y desfiguración).

Se han unido para repetir la mentira y hacerla artificialmente creíble (principio de orquestación); han atacado desde aparentes múltiples flancos y de manera gradual o dosificada (principio de la verosimilitud); se han valido de múltiples y simultáneas teorías de sindicación que hacen dificultoso proporcionar una sola y oportuna respuesta (principio de renovación); han ignorado, invisibilizado y minimizado las respuestas a las acusaciones (principio de silenciación) y con base en todo lo anterior han intentado construir una matriz mediática que socave y/o mine la credibilidad y la esperanza de la gente y haga creer al mayor número de personas posibles que «todos los políticos son iguales de corruptos y no hay nada que se pueda hacer» (principio de unanimidad).

Saben que cabalgan sobre una sociedad inculta donde el chisme crece como caldo de cultivo y desde donde la «práctica del teléfono roto» aumenta, tergiversa y agrava el ya de por si malintencionado mensaje inicial.

Si a cualquier aspirante el concejo le preguntaran para qué le sirven 20 millones de pesos, luego de sonreír le diría que solo para garantizar 100 taxis con los que no movilizaría más de 5.000 electores en un día. Pregúntele que haría con los 50 billones que la corrupción le cuesta al país o con los cuantiosos sobornos de Odebrecht y, seguramente, frotándose las manos le respondería: «aspirar a la casa de Nariño».

Si yo fuera Luis Carlos Sarmiento Angulo

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Si yo fuera Luis Carlos Sarmiento Ángulo y no estuviese revestido de la inmensa soberbia que se desprende como consecuencia natural de ser uno de los hombres más ricos del país y de creerme dueño de la suerte y vida de sus habitantes, a los que percibo como cosas, seguramente me tomaría un momento para pensar.

Cuando digo pensar, no me refiero necesariamente a cranear como destruir mediática, moral y hasta físicamente a quienes se han atrevido a cuestionar un proceder empresarial bastante apartado de la ética, esa palabra que abogados como Néstor Humberto Martínez y Abelardo De la Espriella consideran tan inconveniente para propósitos como el negocio jurídico y el enriquecimiento a cualquier costa.

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Si yo fuera Luis Carlos Sarmiento Ángulo y presenciara el inicio del desplome del valor de las acciones de mis empresas en la bolsa y las incalculables perdidas económicas que de ello se derivan, no insistiría en hacer lo que hasta ahora he hecho: Encubrir a aliados torpes del mundo de la política y del derecho que con sus acciones han puesto en serio riesgo mi prestigio como empresario y mi capital, tanto a nivel nacional como internacional, colocándome con su precario cálculo político en el ojo del huracán.

Desistiría de la idea equivocada de tratar de destruir moralmente a esa suerte de personaje de gran incidencia sobre un porcentaje nada despreciable de la población a quien los suecos y estadounidenses denominan ombudsman.

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Muy por el contrario, en el ajedrez de la política, dejaría de proteger a quien no merece ser protegido y sacrificaría a algunas de mis fichas reemplazables y/o inconvenientes aliados para generar tranquilidad y estabilidad en el mercado y confianza en las instituciones y en nuestra democracia, lo que sin duda ayudaría a restaurar la confianza pública y a erradicar la idea que viene generalizándose peligrosamente de que la corrupción no es un fenómeno exclusivo del ámbito de lo público y de la política, sino también del mundo hasta ahora inatacado de la empresa privada.

Si yo fuera Luis Carlos Sarmiento Ángulo, trataría de no dar declaraciones impopulares como la de respaldar medidas tributarias contra la población pauperizada de mi país y, antes, así fuera fingidamente, tomaría prudente distancia del gobierno y trataría de enmendar (por no decir encubrir) mis responsabilidades siendo así fuese por el breve tiempo que demande el olvido un empresario con sentido y responsabilidad social:

Así sin duda revertiría mi creciente y dañina impopularidad, no controlable ya (desde la irrupción del poder de las redes sociales) a través de periódicos, revistas, canales, emisoras y periodistas a sueldo

Loustau y Conmebol: Desde la óptica de un psiquiatra

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Siendo hincha de Santa Fe, un psiquiatra y amante del fútbol con quién veía el partido a través de la televisión en Bogotá se anticipó al presenciar la falta sin sanción disciplinaria que dejó pasar Laustau contra Jarlan Barrera: «Este árbitro se va a complicar». Apenas unos segundos después me lo ratificó con un ¿Viste? Cuando por una falta menor mostró amarilla a Narváez.

Acto seguido exclamó: «El fútbol se politizó y está podrido, Conmebol no aprende a pesar de los escándalos y de sus vergüenzas públicas. Indistintamente de quién pase, van a favorecer al finalista de la CBF sobre el de la FCF». Cumplido el partido charlanos un rato sobre lo sucedido y su capacidad de anticipación.

Hablando ya más como profesional de la medicina que como aficionado al fútbol me dijo algo que me dejó pensativo: «Este hombre tiene problemas y es instrumentalizado siniestramente por una dirigencia que si sabe lo que hace y que ve al fútbol exclusivamente como negocio».

Frente a mi rostro, seguramente de asombro, espetó: «se nota de lejos su afán de figuración. Muy seguramente es un futbolista frustrado que no admite o le cuesta admitir no ser una celebridad o estrella del balompié. Siempre va a tener una relación conflictiva en el terreno de juego con quién se destaque o sea crack. Sublima o esconde su complejo de inferioridad detrás de una autoridad ejercida abusivamente desde la que subyuga a quien siente que puede robarle protagonismo. En épocas de dictadura hubiese sido un excelente militar. Confunde muy bien autoridad con autoritarismo e imagino que con base en ese perfil lo seleccionan para hacer favores de los cuales ni el mismo será consciente»

Mi interlocutor concluye diciendo: «lo más seguro es que en el informe disciplinario que presente contra Teo Gutiérrez agrave aún más lo que pasó para intentar satisfacer sus deseos internos de venganza injustificada.

Esto es lo que ha acabado con el fútbol suramericano. No ganamos nada a nivel mundial porque todo está coptado por la corrupción que le conviene a una dirigencia mediocre y sin proyectos diferentes al lucro. Así es difícil que la Conmebol retome el respeto y sea visto imparcialmente por los aficionados al fútbol en el continente.y en el mundo.

Cada vez el desprestigio será mayor y la gente se alejará más de los estadios. Primero fueron muchos técnicos que quisieron brillar más que los futbolistas, ahora son las barras bravas, los árbitros y los dirigentes».

Después de escucharlo irremediablemente quedo sin palabras y se me pierde un poco más mi fe en el fútbol como deporte de multitudes.

El orangután que insinuó vínculos de universitarios con el narcotráfico

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Vergonzosa! Así fue la intervención del Senador Antonio Luis Zabaraín Guevara en la noche del pasado martes en el debate sobre Odebrecht, en el que actuó en nombre y representación de Cambio Radical y de sus mentores políticos en la costa.

Descompuesto corporalmente hasta parecer que se había excedido de copas, incoherente en su disurso y creyendo imitar en su forma de oratoria a Roberto Gerleín Echeverría hasta diluirse en una penosa caricatura del mismo, Zabaraín avergonzó a la casa política que lo eligió, pero sobre toda una región, pues en gran parte del interior del país y en redes sociales se cuestionan hoy con sorna ¿cómo tantas personas pudieron tomar tan desacertada decisión electoral en la costa?

En su pretensión de defender al Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, el senador Zabaraín trajo al debate a los extintos presidentes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, pero quizás lo peor y más desafortunado de la noche fue su insinuación de que detrás de las marchas y protestas estudiantiles podrían existir intereses y financiación del narcotráfico.

Fue tan penosa la salida de Zabaraín que muchos senadores, incluso de su partido, se colocaron de pie para presionar la terminación de su discurso, mientras este no terminaba de buscar y encontrar papeles en dos sobres de manila.

Poco después, en su acostumbrado tono bravucón y mal educado, el también senador costeño por el partido de la U, Eduardo Pulgar Daza, decidió unilateralmente, y en otro de los actos de grosería y chabacaneria que le son característicos, levantar la sesión, justo cuando debían intervenir los citantes. A Pulgar Daza, ex concejal destituido del Concejo de Barranquilla (https://bit.ly/2raBU9I) se le recuerda también por casos de violencia intrafamiliar.

Cómo era de esperarse, en las redes sociales llovieron las críticas de todo tipo principalmente contra Zabaraín

https://twitter.com/JdiegoOrtiz/status/1067636257835098114?s=19

Vergüenza: Presidente Duque propone «LIMOSNATÓN» y un «PARAIMPUESTO» para financiación de Universidades

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La desfachatez, irrespeto y falta de ideas y liderazgo del presidente Ivan Duque pareciera no tener límites, rayan en lo ridículo y nos exponen a la burla ante el resto de países del mundo. Así quedó demostrado con la «limosnatón» que planteó como «solución» para el problema de desfinancIación de la educación superior.

Actuando no como un auténtico Jefe de Estado y auto irrespetando la dignidad de su cargo el presidente propuso a los colombianos que donen para financiar la universidad pública a través de una «casilla voluntaria para que las personas en su declaración de renta pudieran hacer aportes a la universidad pública de Colombia».

Con este tipo de «propuestas» el primer mandatario da una patada a la mesa de negociación que se instaló con los representantes de los estudiantes de las universidades públicas del país, en tanto deja claro que no hay una política seria y de Estado para la financiación de la educación superior distinta a recurrir al ‘mochileo’ y ‘boleteo’ a los contribuyentes.

Es inaudito que el presidente pretenda decirle a los colombianos, que más allá de la pesada carga tributaria que tienen que soportar y que debería direccionarse hacia lo social, y no perderse en corrupción, ahora haya que hacer «donaciones» adicionales para sostener lo que por deber y con los impuestos le toca afrontar al Estado.

Para la comunidad internacional seguramente lo de la «propuesta» de Duque será un motivo más de sorna. En Colombia ya no solo hay un paraestado, un ejército paramilitar que asesina líderes sociales y un parapresidente con más poder que el propio ‘presidente’ sino que también se proponen ya paraimpuestos.

Duque además, en incumplimiento de otra de sus promesas de campaña,aprovechó para sacar el ‘espejo retrovisor’ y culpar al gobierno anterior  de la crisis de la educación pública, pasando por alto que el problema estructural de la universidad deriva de la ley 30 del 92 y de la disminución drástica que no solo Santos, sino varios de los expresidentes que lo respaldaron para ser presidente (incluído su mentor, Álvaro Uribe Vélez), hicieron al reducir las transferencias por estudiante de 10,8 millones en 1993 a 4,8 millones en 2017.

Álvaro Uribe Vélez: ¿Parapresidente de Colombia?

La «equivocación» de la vicepresidente Martha Lucía Ramírez al llamar a Uribe presidente, no es simplemente otro lapsus más de los que ha se han vuelto frecuentes entre quienes deben obediencia y respeto al presidente Iván Duque. Ello solo refleja un problema de realidad política mal manejada.

No nos llamemos a equívocos. Llamemos a las cosas por su nombre y sin eufemismos. Colombia es quizás el único régimen «democrático» del mundo donde hoy hay o coexisten un presidente y un parapresidente o suprapresidente, este último, con mayor poder incluso que el elegido por 10 millones de ciudadanos.

Poco antes de posesionarse Iván Duque, ya Alicia Arango, ex secretaria privada en la casa de Nariño en el gobierno Uribe y designada Ministra de Trabajo por el actual gobierno, lo había declarado a W Radio Colombia: «Gobernará Iván Duque, pero no hay que olvidar que Uribe es nuestro jefe».

IMG_20181120_060837Ello significa, ni más ni menos, un radical cambio que debería ser objeto de análisis por la ciencia política y por los constitucionalistas. La transferencia de la soberanía del rey al pueblo que se instauró con la revolución francesa de finales del siglo XVIII perdió vigencia o ha sido «superada» o rebasada.

Ahora en Colombia, la soberanía ya no reside en el el pueblo y ni siquiera en la persona en quien el constituyente delegó su poder, sino en un supra poder que se alza por encima del ejecutivo mismo y a quienes importantes miembros del gobierno reconocen en público como jefe incluso por encima de la figura del propio presidente.

En esa dinámica no resulta extraño entender el calificativo de «presidente eterno» que el uribismo en una especie de culto exacerbado a la personalidad, incluso con matices y/o ribetes religiosos, le otorga a Álvaro Uribe Velez.

Uribe como líder y jefe indiscutido de su partido controla a quien representa al ejecutivo, un hasta hace poco ilustre desconocido para la mayoría de los colombianos que debe su elección a la popularidad del caudillo que fue quien lo ungió ante sus seguidores, respaldo sin el cual difícilmente habría alcanzado la primera magistratura.

Controla igualmente los hilos en el poder legislativo y para nadie son ya un secreto sus intenciones de reformar y adecuar el poder judicial a la medida de sus intereses. Ello para no mencionar el enorme poder económico y mediático que también concentra y ostenta al punto de haberse erigido en una especie de intocable pese a todas las investigaciones y sindicaciones que existen en su contra.

Desde esa lógica no es extraño que siguiendo la misma línea de la ministra Alicia Arango, prestantes miembros del actual gobierno como la ministra de Justicia, Gloria María Borrero; el Alto Consejero, Emilio Archila; el Canciller, Carlos Holmes Trujillo, y hasta la propia vicepresidente, Martha Lucía Ramírez, con muy poco pudor llamen en público a Uribe presidente en lugar de decirle parapresidente o supra presidente que sería lo más adecuado, incluso para preservar ante la comunidad internacional la ya maltrecha dignidad de la figura presidencial que ya es objeto de sorna.

Dimos el salto o pasamos de ser, sin que muchos aún se percaten de ello, un régimen presidencialista a una rara figura o forma política. Hemos instaurado por primera vez en la historia, y para nuestra vergüenza, el parapresidencialismo.

¿Reptores o rectores? Las inconsecuentes posturas de quienes sirven más a Duque que a los intereses de la universidad pública

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El pasado 26 de octubre, es decir, apenas 15 días después de que los estudiantes universitarios decidieran emprender un paro nacional indefinido en defensa de la financiación de la educación superior, los rectores anunciaron un «acuerdo» con el gobierno.

Hasta ahí no habría nada por cuestionar a no ser por el hecho de que los rectores se aprovecharon de la protesta estudiantil para negociar y a la hora de hacerlo lo hicieron a espaldas de estudiantes y docentes universitarios en un claro acto de oportunismo y traición a quienes se atrevieron a poner en el centro de la discusión pública el tema de la financiación estatal de la educación pública superior.

Hasta por delicadeza y pudor los rectores han debido de abstenerse de esta acción desleal que desde un principio hizo evocar una especie de transacción en la que a cambio de la tan cuestionada mermelada (llamada así por el uribismo) el gobierno pretendía quitarle fuerza a la protesta estudiantil y granjearse el apoyo y la solidaridad incondicional de quienes con el pactaron coptándolos.

Luego de esa movida estratégica de un gobierno que hasta la fecha se niega a recibir y atender a los estudiantes, era solo cuestión de tiempo para visibilizar otros efectos del mal llamado pacto.

Poco a poco, varios rectores han venido pagando favores al gobierno y dejándose instrumentalizar de una manera vergonzosa, haciendo uso de su poder real y mediático para tratar de dividir al movimiento estudiantil con base en amenazas de cancelación del semestre académico, como si lo que estuviese en juego no fuese algo de una mayor importancia estratégica.

Ejerciendo presión soterrada y enmascarados en una supuesta preocupación por lo académico, rectores como Dolly Montoya (Universidad Nacional) y Carlos Prasca (Uniatlántico) han pretendido quebrantar y/o socavar la autonomía estudiantil a través de procesos de consulta que buscan el levantamiento del paro y dividir al movimiento estudiantil en una arbitraria injerencia en las decisiones del estamento discente y docente.

Todo puede esperarse. Incluso que se adulteren los resultados de consultas virtuales en las que nadie garantiza que a nivel informatico no se manipulen los datos. Funcionarios de esta índole, habiendo tomado partido del lado de la contraparte a los estudiantes no pueden pretender que se les reconozca como garantes de este tipo de procesos. No se puede aspirar a ser juez y parte al mismo tiempo.

De Prasca, el rector de Cambio Radical que puso la Universidad al servicio de intereses politiqueros nada extraña. Haciendo y pagando favores propios de la politiquería, y no por méritos intelectuales y académicos, accedió a la dirección de la universidad y sabe Dios que estará esperando ahora en contraprestación burocrática al favor o mandado que le hace de manera casi servil al presidente Duque.

Incluso no debe ni siquiera extrañarnos, dado su talante godo y reaccionario, que en cualquier momento opte por autorizar la intervención de la fuerza pública al interior del alma mater sin importarle en lo más mínimo la vida e integridad física de sus estudiantes.

Es bueno que la comunidad universitaria, más allá del ropaje populista con el que se disfrazan, identifique a estos oportunistas y traidores que en lugar de ser llamados rectores deberían ser llamados reptores por su enorme capacidad de reptar ante las migajas que se les arroja desde el poder central. No nos cabe la más mínima duda: Judas han existido en todos los tiempos.

Estudiantes: Ojo con hacerle el juego a la extrema derecha y ‘dar papaya’ cayendo en provocaciones

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Gustavo Petro denunció la infiltración, con fines de desprestigio y estigmatización, de la protesta estudiantil, tras deplorables hechos de agresión contra la fuerza pública de los que dieron cuenta los medios y las redes sociales.

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Hoy, tomados no se sabe por quién, circulan en redes sociales varios vídeos en donde encapuchados preparan bombas incendiarias, curiosamente reivindicándose como parte de una estructura del ELN llamada Jaime Bateman Cayón, lo que automáticamente lleva a más de un uribista a hablar de la refundación del M-19 y a sindicar irresponsablemente a Petro como gestor de este proceso.

Lo ocurrido, amarrado al acto provocador, incitador y calculado del presidente Ivan Duque de recibir en Palacio a figuras de la farándula mientras no atiende a los estudiantes y a los profesores de las universidades públicas (luego de varias semanas de paro) es significativo.

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Se está buscando a través de agentes externos desencausar la legítima protesta social y llevar a los estudiantes a la radicalización, para deslegitimar social y mediáticamente una justa causa y generar artificialmente en la opinión pública la noción de que los estudiantes constituyen esa suerte de peligro y «enemigo interno» que debe ser desarropado por la sociedad para ser enfrentado represivamente.

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Es sospechoso y a ello debería cerrársele el paso por parte de los propios estudiantes, caer en este juego perverso y planificado. Ayer en Barranquilla, por ejemplo, la asistencia mermó significativamente en la marcha y resultó evidente que existía la intencionalidad tanto de la fuerza pública como de algunos manifestantes a provocar desmanes.

No de otra manera se entiende la invitación del mayor Óscar Rueda a que los carros transitaran sin importar que sobre la vía habían manifestantes. También la actitud de personas indeterminadas dentro de los marchantes, de conducir la manifestación hasta la vía 40 con calle 72 para bloquear esta arteria e imposibilitar el tráfico de trabajadores que a esa hora se dirigían a sus lugares de trabajo o a sus hogares luego de una agotadora jornada de trabajo.

Sin lugar a dudas, mantener una toma de una vía con tan escaso personal y en una zona donde cerrados los 3 accesos el espacio se convertía en una especie de trampa o auto emboscada sin escapatoria, fue un acto absolutamente irracional e irresponsable.

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De estudiantes golpeados, heridos, muertos y desaparecidos está llena la historia de este país sin que ello haya generado cambio y transformación alguna, más allá de alejar por miedo a la gente de participar y protestar democráticamente. El país requiere de jóvenes vivos y participantes en la definición de los asuntos públicos y no de mártires que se autoinmolen sin ningún tipo de sentido práctico, político o ideológico.

Habría que revisar qué objetivos de fondo y quiénes estaban detrás de propiciar enfrentamientos. Lo cierto es que cualquier estudiante mínimamente formado políticamente sabría que suplantar a las masas sin pensar consecuencias de las acciones que se emprenden, es un acto demencial que parecería más inspirado en quienes desean que corra sangre y no en que haya soluciones concretas a las demandas planteadas al gobierno.

A los estudiantes habría que pedirles lo que no es exigible a los miembros de la fuerza publica: Más inteligencia y racionalidad y menos emocionalidad. Debe prevalecer la sinapsis sobre la emisión de altas dosis de adrenalina y testosterona. La fuerza de la razón debe anteponerse a la razón de la fuerza. Los estudiantes deben ser más cerebrales y menos viscerales. En otras palabras, menos primarios al pensar y al actuar, porque sin lugar a dudas el país va a requerir a corto, mediano y largo plazo de su presencia en la reformulación del rumbo de la nación.

Taparse la cara y tirar una piedra siempre será más sencillo que pensar y producir ideas que anticipen los movimientos del jugador contrario y lo pongan en jaque mate.

¿Sicariato moral de parte de un ministro?

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Quizás no haya nada más grave y peligroso en una sociedad que la intemperancia o, como diría un amigo, la incontinencia verbal. El peligro, como es obvio pensarlo, se incrementa en niveles superlativos cuando el intemperante es precisamente uno de quienes deberían dar ejemplo de civilidad y tramitación inteligente de los conflictos.

El ministro de defensa, Guillermo Botero, habló sobre la protesta social y no pudieron ser más desafortunadas sus declaraciones. Se esperaría algo diametralmente diferente de quién, por su cargo, debería estar llamado a pensar que su deber esencial debe ser la protección de la vida, honra y bienes de todos los colombianos, sin excepción.

Sin embargo, su pronunciamiento, que tuvo el propósito de deslegitimar la protesta social y a sus actores (los líderes sociales) al ligar las motivaciones de la misma no a problemas estructurales (como por ejemplo la ausencia histórica del Estado) sino a propósitos y «financiación de mafias», colocó una lápida en quienes ya vienen siendo objeto selectivo de persecución y aniquilamiento sistemático.

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Debería ser un principio de sindéresis, que ningún alto dignatario del estado incurriera en la ‘tentación’ de declarar a los medios haciendo generalizaciones a priori y por tanto sindicaciones irresponsables y sin sustento probatorio.

En Colombia ha hecho carrera, a fuerza de durísimas y dolorosas experiencias, la frase de que a los perpetradores de crimenes, anteceden los sicarios morales. Estos últimos a través de herramientas deleznables como la injuria y la calumnia preparan el terreno para que nadie se extrañe de la muerte de quienes son abatidos por siniestras organizaciones de la muerte.

Incluso, a veces la labor de los sicarios morales no termina con la legitimación o el otorgamiento de un «pretexto perfecto» para la ejecución de la víctima. Incluso se revictimiza apelando a expresiones como la tristemente célebre frase de «buen muerto», empleada por quien ocupó la más alta dignidad pública.

Ojalá las declaraciones de Botero no contribuyan a exacerbar la muerte de los líderes sociales, por vía de envalentonar a los sicarios materiales para actuar.

El país nacional agradecería más del ministro y del gobierno que en lugar de hablar antes de pensar, se desarticulen los escuadrones de la muerte que han hecho de Colombia una zona franca sicarial.

Sexo en los salones: verdades y mentiras de una reciente sentencia judicial

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Los colombianos tenemos un grave problema: No nos gusta leer. Los libros no están entre nuestros «artículos» de primera necesidad y las redes sociales han sustituido hasta la lectura de la prensa.

Más grave aún, en la lectura de las noticias, con la intermediación de las redes, creemos que con el solo ejercicio de leer el titular nos es suficiente para estar «informados» y obviamos que muchos de los titulares están diseñados solo para llamar la atención y generar ‘clics’ y ‘me gusta’ y, además, que escasas veces guardan relación con el contenido mismo de la noticia.

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Por ello somos cada vez más una sociedad descriteriada y manipulable, que no busca ni atiende a razones y qué se guía por emociones (muy primarias por cierto) con las que nos creemos con la autoridad de emitir «juicios» y «opiniones» sobre los más diversos temas.

El caso más reciente que ilustra lo antes dicho,, es el del fallo de la Corte que ha llevado a más de un desprevenido «lector» a dar por cierto, que esa alta corporación de justicia avaló el sexo de estudiantes en las aulas de clase, situación frente a la que muchos salen a rasgarse las vestiduras y muy seguramente, si alguien los convocara a marchar, hasta lo harían y sin saber ni por qué caminan y gritan desaforadamente.

Lo cierto sobre las noticias, memes y caricaturas que circulan en las redes es que se trata de una errada interpretación de una decisión judicial plasmada en un (por no llamarlo amarillista) muy mal titular de prensa que las redes se encargaron de multiplicar.

Aunque los medios no se toman el trabajo de indagar a fondo, la Corte puso reparos fue a la no gradualidad y a la desproporción en la medida adoptada por el colegio frente a una evidente falta disciplinaria.

Lo que ha cuestionado el máximo tribunal constitucional del país, es que el colegio optó por lo punitivo en lugar de lo formativo y se excedió en la medida adoptada, lo que comporta o resulta violatorio del derecho fundamental al debido proceso que asiste a todo ciudadano, sea adulto o no y ejercite o no su vida sexual.

Además, no hay que olvidar que es un fallo en sede de revisión de tutela, por lo tanto, lo decidido (la ratio decidendi) no tiene efectos erga omnes (para todos el mundo) sino solo efectos inter partes. Es decir, solo tiene efectos vinculantes (obligatorios)) para los accionantes (afectados con una expulsión) y para la parte accionada (colegio).

En ningún caso, puede pues interpretarse que la Corte Constitucional legalizó el sexo en las aulas o dejó tal conducta al margen de ser sancionada, eso sí, con observancia plena de las garantías que tiene todo ciudadano. La Corte ordenó el reintegro de los expulsados, pero para que su proceso se reabra y se tenga en cuenta lo que no se tuvo: atenuantes y derechos, porque toda persona tiene derecho a ser juzgado justamente.