¿Petro y el PH en deuda con los profes y la educación?

El odio y la estigmatización del magisterio oficial y de su organización sindical por parte del uribismo tiene una clara razón de ser: la férrea y efectiva oposición que a los propósitos neoliberales han hecho los maestros desde 2002 y que ha logrado durante más de 20 años frenar y truncar la intencionalidad de este sector político de privatizar la educación y convertirla en un rentable negocio al servicio de intereses particulares.

 

En ese sentido se entendería que sectores políticos como los que integran el Pacto Histórico y que enarbolan entre sus banderas la defensa de lo público y por tanto la lucha frontal contra el neoliberalismo deberían reconocer, enaltecer y valorar tal logro de las maestras y maestros del país, cuya lucha constituye un valioso ejemplo victorioso contra políticas que se ejecutan en Colombia pero que, en abierta violación de nuestra soberanía, se trazan desde organismos internacionales.

 

Conscientes de ello, los maestros y maestras del país mayoritariamente apoyaron a Gustavo Petro en 2018 y en 2022 no ven que les quede opción presidencial distinta pues tanto en los candidatos de derecha y del mal llamado centro no avizoran nada diferente a la continuidad de los intentos por afectarles sus derechos y atacar y estigmatizar la educación pública sin reparar en lo que para esta se requiere.

 

Los maestros están con Petro y el Pacto Histórico pero los hechos parecieran indicar que Petro y el Pacto Histórico no tienen el mismo nivel de compromiso y la misma voluntad política que de ellos esperarían los educadores. En lo que respecta a educación, el discurso de Petro y del Pacto Histórico gira y se circunscribe a uno solo de los componentes de la educación: el nivel superior y/o el derecho de acceso a la educación universitaria.

 

Así quedo evidenciado en una alocución llena de las mismas generalidades cuando fue invitado especial a la asamblea general de la organización sindical ADIDA en Medellín. Cero compromisos frente al magisterio en torno al tan necesaria y urgente reivindicación y fortalecimiento de la atacada educación pública y de educadores al servicio del estado víctimas de estigmatización, amenazas, desplazamiento y hasta asesinatos.

 

Pero la ausencia de niveles mínimos de empatía hacia los y las educadoras no solo se pone de manifiesto con lo acontecido en ADIDA. El 15 de marzo de 2021 y luego de anunciarlo en un encuentro realizado con organizaciones sindicales 10 días antes a través de transmisión efectuada por Colombia Humana, Petro dejó plantados a miembros del Comité Ejecutivo de Fecode en momentos en los que al interior de esa organización 8 de los 15 ejecutivos habían decidido hacer público su apoyo al candidato. La reunión coordinada por Aldo Cadena quedó en reprogramarse, lo cual nunca ocurrió.

Con posterioridad a tal desplante y luego de filtrarse el tratamiento que se otorgaría en la lista cerrada del Pacto Histórico a representantes del gremio de maestros, en el que el educador mejor posicionado finalmente fue Domingo Ayala (puesto 29)  y se excluyó a otras personalidades como Rafael Cuello, el carismático expresidente de Fecode, Carlos Rivas, se vio forzado a buscar oportunidades al senado en la lista abierta de Fuerza Ciudadana donde ocupa el puesto 17. Otro expresidente de Fecode, Nelson Alarcón, busca su oportunidad en la Alianza Verde (18).

Otros sectores magisteriales con representación sindical que también hicieron pública su «decisión de apostarle al Pacto Histórico» obtuvieron solo silencio por respuesta

 

Pero aparte de lo ya expuesto, en el documento EL CAMBIO VIENE, publicado en diciembre de 2021 y redactado por la Comisión Programática del Pacto Histórico, solo hay 14 referencias a la palabra «educación» y en lo que respecta al «Pacto por la Educación» se leen las siguientes generalidades como propuesta para el magisterio (páginas 13 y 14):

 

«Tenemos el convencimiento de que el Pacto por la Educación es el más urgente y ambicioso, porque la construcción de una sociedad democrática que avance hacia una era de paz pasa por acabar  con el conjunto de brechas que impiden el acceso de todos los colombianos y las colombianas al sistema educativo en todos sus niveles.

El Pacto Histórico impulsará un acto legislativo y una ley estatutaria de la educación que conformen el sistema nacional de educación en Colombia que garantice la infraestructura, la pertinencia y la financiación requerida, incluido el pago de las deudas del gobierno central con las universidades públicas, para alcanzar en el corto y mediano plazo las metas de la cobertura universal con calidad y la gratuidad en todos los niveles (preescolar, básica, media, terciaria, superior e inclusive la investigación científica) con modelos pedagógicos orientados al pensamiento crítico y la innovación, pero también al estímulo de las carreras humanísticas y las ciencias sociales como la sociología, trabajo social, antropología y filosofía, tan necesarias para forjar identidad y cultura y educar para sostener el cambio.

Será dignificada la labor de los y las docentes a partir del reconocimiento de sus justos derechos… «.

 

Tal declaración dista significativamente de lo que educadores articulados en el movimiento MAESTROS presentaron públicamente como la propuesta de PACTO POR LA EDUCACIÓN tres meses antes (Septiembre de 2021) de hacerse público el documento» EL CAMBIO VIENE». Este detallado documento con origen en educadores de base también ha tenido por respuesta el silencio de los candidatos presidenciales y de los candidatos a senado y cámara del Pacto Histórico.

Seguramente nada variará la decisión adoptada por los educadores en torno al respaldo a Gustavo Petro. Lo cierto, es que lo mínimo que merecen las maestras y maestros y cualquier ciudadano es ser escuchados, atendidos, valorados y respetados. Es una simple cuestión de reciprocidad del país político hacia el país nacional.

 

El cambio de fondo que requiere Colombia necesariamente pasa por el fortalecimiento de una educación pública cuyo abandono por parte del estado quedó evidenciado con la irrupción de la pandemia del COVID-19. En ese propósito debería abrirse un diálogo inmediato con todos los actores del proceso educativo, incluidos estudiantes y sus organizaciones.